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Puntos clave
- Un absceso dental es una bolsa de pus provocada por una infección bacteriana.
- Las causas más frecuentes son las caries sin tratar, la enfermedad de las encías o un traumatismo dental.
- Entre los síntomas puede haber dolor intenso, hinchazón, fiebre y mal sabor o mal aliento.
- El tratamiento suele consistir en drenar el absceso, hacer una endodoncia o extraer el diente.
- Una buena higiene bucal y las revisiones periódicas ayudan a prevenir los abscesos dentales.
- Si sospechas que tienes una infección dental, acude al dentista de inmediato: no desaparece por sí sola.
Lo esencial de un vistazo
Un absceso dental es mucho más que un simple dolor de muelas: es la señal de que hay una infección en lo más profundo del diente o de las encías. Si no se trata, puede extenderse y causar problemas de salud graves. La buena noticia es que, con la atención profesional adecuada, tiene solución. Y aún mejor: con una buena higiene en casa, muchas veces se puede prevenir. En este artículo te explicamos qué causa un absceso dental, cómo reconocer los síntomas, en qué consiste el tratamiento y cómo evitar que aparezca desde el principio.
¿Qué es un absceso dental?
Un absceso dental aparece cuando una infección bacteriana forma una bolsa de pus cerca de un diente. Esta bolsa puede formarse en la punta de la raíz (lo que se conoce como absceso periapical) o en la encía, junto a la raíz (un absceso periodontal). Las causas más habituales son las caries sin tratar, la enfermedad de las encías y los traumatismos dentales.
Según la American Dental Association (ADA), los abscesos dentales se deben principalmente a infecciones bacterianas que entran en el diente a través de una caries, una grieta o la enfermedad de las encías. Estas infecciones pueden provocar la muerte de la pulpa dental, lo que hace que se acumule pus y se forme un absceso. Es una infección seria que no conviene ignorar: puede causar mucho dolor y extenderse a otras zonas si no se trata a tiempo.
Causas
Un absceso dental puede tener muchos orígenes. Aun así, casi todos empiezan igual: unas bacterias que consiguen colarse dentro del diente o de la encía.
Caries sin tratar: cuando una caries no se atiende, el deterioro puede llegar hasta la parte interna del diente (la pulpa), donde están los nervios y los vasos sanguíneos. Es el caldo de cultivo perfecto: las bacterias proliferan y se produce la infección.
Enfermedad de las encías: una periodontitis avanzada puede crear bolsas profundas entre los dientes y las encías, y dar a las bacterias vía libre para infectar las raíces.
Dientes agrietados o rotos: basta con una pequeña fisura para que las bacterias se cuelen. Suele ocurrir por una lesión deportiva, una caída o al morder algo duro.
Tratamientos dentales que salen mal: aunque es poco frecuente, a veces las complicaciones de un tratamiento pueden abrir la puerta a una infección. Las revisiones periódicas son clave para vigilar el trabajo dental existente y comprobar que todo cicatriza bien.
Sistema inmunitario debilitado: las personas con problemas de salud como la diabetes o que están en quimioterapia pueden ser más propensas a las infecciones, incluidos los abscesos dentales.
Síntomas
Tienes dolor de muelas. ¿Cómo saber si es solo una molestia o algo más serio, como un absceso? No siempre es fácil, porque los síntomas de un absceso dental van de leves a intensos. Al principio quizá no notes casi nada, pero las molestias pueden dispararse rápido. Estas son algunas señales en las que fijarte:
¿Notas un dolor punzante o agudo que empeora con el tiempo o al morder?
¿Ves hinchazón en la cara o la mejilla, sobre todo alrededor del diente afectado?
¿Tienes las encías rojas e hinchadas o un bultito visible cerca del diente?
¿Notas mal sabor en la boca o mal aliento?
¿Tienes fiebre o los ganglios inflamados?
¿Sientes sensibilidad al frío o al calor?
¿Te cuesta masticar o tragar?
Cualquiera de estas señales merece la opinión de un profesional. Y si el dolor desaparece de repente, no des por hecho que la infección se ha ido: puede significar simplemente que el nervio del diente ha muerto, mientras la infección sigue avanzando. Como con cualquier dolor dental que persiste o va a más, acudir al dentista es fundamental. Saber qué ocurre es el primer paso hacia el tratamiento.
Tratamiento
Ante un absceso, acudir rápido al dentista es esencial: el tiempo apremia. El tratamiento se centra en eliminar la infección y, siempre que sea posible, salvar el diente. Estas son las principales opciones:
Drenar el absceso: el dentista puede vaciar el pus con una pequeña incisión y limpiar la infección. Suele ser una solución temporal, un primer paso antes de un tratamiento más completo.
Endodoncia: es uno de los tratamientos más habituales para un absceso dental. El dentista retira la pulpa infectada, limpia la zona y la sella para evitar futuras infecciones. La American Association of Endodontists la considera una forma segura y eficaz de salvar un diente con absceso.
Extracción del diente: por desgracia, si el diente está demasiado dañado para conservarlo, lo más probable es que haya que extraerlo. Después, tu dentista te comentará las opciones para reponerlo, como un implante o un puente, para mantener tanto la estética como la función.
Antibióticos: a veces se recetan para ayudar a controlar la infección, sobre todo si se ha extendido. Pero los antibióticos por sí solos no curan un absceso: suelen acompañar a alguno de los otros tratamientos.
Control del dolor: los analgésicos de venta libre, como el ibuprofeno, pueden aliviar las molestias, pero no resuelven el problema. Dan un respiro mientras llega la solución definitiva.
Cómo prevenir un absceso dental
Con los abscesos dentales, prevenir es siempre la mejor estrategia. Una buena higiene bucal y unas revisiones periódicas marcan la diferencia. Así puedes protegerte:
Cepíllate y usa hilo dental a diario
Mantén los dientes limpios cepillándote dos veces al día y usando hilo dental al menos una vez al día. Así eliminas la placa y los restos de comida de los que se alimentan las bacterias que provocan las caries.
Usa pasta de dientes con flúor
El flúor fortalece el esmalte, con lo que a las bacterias les resulta más difícil atravesarlo y causar caries.
Reduce el azúcar
El azúcar es el combustible de las bacterias. Por eso, intenta reducir los alimentos y bebidas azucarados, como los refrescos, los caramelos y otros dulces, sobre todo los pegajosos o masticables.
Ve al dentista con regularidad
Además de otras ventajas, una revisión cada seis meses ayuda a detectar los problemas a tiempo. Tu dentista y tu higienista pueden identificar una caries o la enfermedad de las encías antes de que deriven en un absceso.
Usa un protector bucal
Si practicas deportes de contacto o aprietas los dientes por la noche, un protector bucal a medida evita fisuras y otros daños.
No ignores el dolor dental
Incluso una pequeña molestia puede ser el inicio de algo serio. Si algo no va bien o el dolor no cede, pide cita cuanto antes.
Cuándo acudir al dentista de inmediato
Un absceso sin tratar puede extenderse a la mandíbula, el cuello e incluso el cerebro. Una atención rápida evita complicaciones y, a menudo, salva el diente. Así que no lo dejes: llama al dentista enseguida si tienes:
dolor de muelas persistente;
hinchazón en la cara o las encías;
dificultad para tragar o respirar;
fiebre acompañada de dolor dental.
Resumen
Un absceso dental es mucho más que un dolor de muelas: es una bolsa de pus provocada por una infección bacteriana en lo más profundo del diente o de las encías. Las causas más frecuentes son las caries sin tratar, la enfermedad de las encías o un traumatismo dental, como un diente agrietado o roto.
Los síntomas suelen empezar como un dolor de muelas y pueden derivar en dolor intenso, hinchazón, fiebre, mal sabor de boca o mal aliento. Si al final es un absceso, el tratamiento incluye drenarlo, hacer una endodoncia o incluso extraer el diente, según la gravedad.
Si no se trata, la infección puede extenderse a otras partes del cuerpo y provocar problemas de salud más graves. Por suerte, el tratamiento es muy eficaz, sobre todo cuando se detecta a tiempo. Así que, si sospechas que tienes una infección dental, acude a un profesional de inmediato.
La buena noticia es que los abscesos se pueden prevenir muchas veces si cuidas tu higiene bucal cada día, comes de forma inteligente y no faltas nunca a tus revisiones dentales.
Previene los problemas bucodentales más comunes para una sonrisa sana
Entre los problemas bucodentales más comunes están las caries, la enfermedad de las encías, las manchas y la sensibilidad. El principal culpable suele ser la acumulación de placa: esa película pegajosa de bacterias que se forma sobre los dientes. Si no se tratan, estos problemas pueden acabar en la pérdida de dientes e incluso afectar a tu salud general.
Con el cepillo de dientes adecuado puedes atajar estos problemas de raíz, para una sonrisa más fuerte y sana:
Cepíllate 2 veces al día con un cepillo eléctrico Oral-B iO: un cepillo eléctrico como el Oral-B iO elimina hasta un 100 % más de placa que un cepillo manual convencional.
Si sigues una rutina de cuidado bucal completa en casa y acudes a tu dentista al menos dos veces al año, reduces el riesgo de caries y enfermedad de las encías, y proteges tu sonrisa durante muchos años.
Preguntas frecuentes
¿Qué aspecto tiene un absceso dental?
Un absceso dental suele aparecer como un pequeño bulto o granito rojo en la encía, cerca del diente afectado. Si el absceso está en la superficie del diente, puede verse una caries o un agujero. El diente también puede cambiar de color y volverse grisáceo o negruzco. Aun así, el aspecto de un absceso varía según la gravedad y la localización de la infección. Si crees que tienes un absceso, no intentes diagnosticarlo por tu cuenta: acude pronto al dentista para el diagnóstico y el tratamiento.
¿Se cura un absceso dental con antibióticos?
La respuesta corta es no. Los antibióticos pueden ayudar a controlar la infección y reducir la hinchazón, pero no son una solución definitiva para un absceso dental. Y es que no eliminan el origen de la infección, como el diente dañado o la pulpa infectada.
Este blog ha sido revisado y autorizado por el Dr. Robert Lee, un dentista con 35 años de experiencia
El Dr Robert Lee es un dentista con más de treinta años de experiencia en el sector.
Licenciado por la Universidad de Sídney con una Licenciatura en Cirugía Dental y por la Universidad de Nueva Gales del Sur con un Máster en Administración de Empresas, la carrera de Robert le ha llevado por todo el mundo, desde Australia hasta Alemania, hasta su lugar actual en Chicago, donde es el fundador de Denticus Inc., ofreciendo asesoría dental estratégica.
Robert ha trabajado previamente para Procter & Gamble como Director de Relaciones Científicas Profesionales, tanto en la oficina de Cincinnati como en la de Sídney, siendo responsable de relaciones externas e intercambio científico con líderes intelectuales del sector y asociaciones profesionales líderes. También fue responsable de toda la formación técnica y científica para los equipos profesionales en Norteamérica y Australia.
Robert ha ayudado al equipo de Oral-B verificando y revisando nuestros blogs sobre higiene dental. Puede encontrar una lista de los blogs que Robert ha autorizado a continuación:
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- ¿Qué es la Lengua Geográfica? - Causas, Tratamiento y Síntomas
- ¿Qué causa el dolor de mandíbula y cómo tratarlo?
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